“EN 2B NO HAY GENIALIDADES”

Ángel García

Nadie como él. Nadie le iguala. Dieciocho temporadas consecutivas en 2B, dieciocho, como una mayoría de edad cubierta en campos de fútbol. Se dice bien, se consigue peor. Solo escasos profesionales. Ismael Moyano (13 de abril de 1983, Mollet del Vallés, Barcelona) es uno de los elegidos. Los hay más longevos, con más temporadas disputadas, pero nadie ha acumulado estando actualmente en activo esa cifra en la categoría de bronce. “La clave es cuidarse, solo eso. Descanso, alimentación y tener la suerte con las lesiones” nos dice el jugador del Badalona.

 

Se dice pronto la cifra, pero se tarda en asumir.

Al final todo es estadística y anécdotas, pero está claro que nunca piensas cuando empiezas en alcanzar unos números tan elevados.

Cualquiera firmaría haberlos conseguido, haber llegado a tu nivel.

Es una trayectoria muy regular pero el esfuerzo para lograrlo está ahí. Vengo de una familia que me ha educado para ser humilde y trabajador. Por eso, aunque nunca piensas en tener un trayecto como este, me siento orgulloso.

Te lo recordarán a cada instante.

No. Sabía que llevaba más de quinientos partidos porque me lo dijeron en el club, pero desconocía que era el jugador en activo que más temporadas consecutivas llevaba en 2B.

A algunos les parecerá sencillo viéndolo desde fuera.

Con perspectiva, no ha sido nada fácil. Miras atrás y son una cantidad de años bestiales jugando y manteniendo un nivel para hacerlo. Nadie me ha regalado nada. Piensa que yo no vengo de un club de cantera, yo salí del Mollet, luego pasé al Mercantil de Sabadell, un equipo del que salieron también los hermanos García Junyent, Óscar, Roger o Genís. Siempre estuve ahí hasta juveniles.

¿Es más fácil ir escalando, saliendo de un equipo filial?

Por supuesto que sí. He tenido compañeros que jugaban de fábula y se han ido quedando al cumplir de juveniles. Hace diez o doce años tenías más opciones que ahora, pero actualmente llegar de un filial es una garantía para los equipos por la formación específica que se les ofrece a los jugadores. Luego, muchos de ellos se pegan la torta.

¿Por?

Conocen una realidad que les parecía lejana, casi inexistente. Los clubes son humildes, a veces hay que rellenar las botellas de agua, o llevarte la ropa a casa tras el entrenamiento porque se fastidia la lavadora. En un filial lo tienen todo controlado y llegar a un club como el nuestro o muchos más en la categoría no es pasear el neceser de marquita tras entrenar.

El fútbol les da un sopapo de realidad.

Vienen con otro chip. Son jugadores, en su mayoría con un nivel tremendo, pero con una formación muy específica. Como veterano que soy, he hablado con muchos años en los equipos tratando de aconsejarles y me dicen, por ejemplo, que ellos no saben defender o cosas así porque son jugadores ofensivos. No pueden ir por libre en clubes de esta categoría. Tienen unas condiciones muy buenas, excelentes, pero a veces tienen que aprender a valorar lo que es un equipo, a defender y ser solidarios. En 2B prima más la mentalidad y ser listo que las características técnicas, no es una categoría en la que los jugadores marquen diferencias, para eso estarían en 1ª o 2A.  Existe una delgada línea sustentada en el error que separa la victoria de la derrota. Aquí no hay genialidades.

Tú llegaste en otra época.

Yo firmo por la Gramanet B tras salir de juveniles para jugar en una 3ª muy competitiva entonces. Cobraba cien euros al mes y ni había ayuda a gasolina ni nada similar. A la vez, repartía colchones con un amigo en la tienda de muebles que tenía su padre después de entrenar. De ahí, empecé a subir y hasta ahora.

Pero no era fácil debutar.

Cuando debuté en la Gramanet, en la 2002/2003, fue porque no había nadie más disponible. Costaba mucho llegar a la 2B. Se lesionaron todos los centrales y no quedaban más, por eso me dieron la oportunidad. Ya te podías matar a entrenar y ser el mejor en los entrenamientos, daba igual. Era la forma de llegar. Ahora se ha perdido esa cultura del respeto al veterano y todo cambia.

Y llega a sumar más de 500 partidos.

Vivir el fútbol como una pasión ayuda, no verlo solamente como si fuera un trabajo. Y si además te da para vivir… no puedo estar más agradecido.

Hablaba de aconsejar a los jóvenes. ¿Le piden consejo a usted?

El club sabe que estoy para ayudar y los jugadores, como capitán y veterano, aceptan que a veces trate de ayudarles como a mí me ayudaron. Recuerdo a Carlos Docando, un central que había jugado en el Numancia y que se retiró aquí. Me ayudo muchísimo; a posicionarme, a colocarme en los saltos, a jugar con la cadera… era impresionante. Suplía sus carencias  con una posición y una inteligencia tremenda. Era muy listo. También estaban Juanma Pons, Julio Puig… centrales de los que aprendí. Por eso estoy para ayudar. Muchos me preguntan, otros son más tímidos… y a veces les llega el mensaje y otras veces no.

Has jugado con muchos jugadores. ¿Quiénes son los que más te han sorprendido?

Por encima de todos Vítor Silva, un portugués con el que coincidí en el Reus. Era un jugador espectacular. Filtraba pases, la pegaba de miedo… pero tenía una lesión en el rotuliano y tenía que parar cada poco. Jugó poco, pero lo que jugó fue una pasada. Este año me ha sorprendido Néstor Albiach. Tiene unas condiciones brutales, no había visto un zurdo como él. Tiene tres primeros metros de salida que son increíbles…

Y siempre has jugado en el grupo III.

He tenido cosas para salir, pero he priorizado quedarme cerca de casa. Mi situación personal influye mucho; mi mujer es profesora en Mollet y no puede dejar su trabajo. Además, así lo decidimos entre ambos desde el primer momento. He tenido mucha suerte por encontrar equipo muy cerca de donde soy porque, al final, no prima un mejor contrato. ¿Para qué me iba a ir solo? El único lugar donde tuve que quedarme a vivir fue en Reus. Me obligaban y me tuve que quedar dos años. El primero fue muy duro, solo, sin ellos. Muchas veces me preguntaba que qué hacía yo allí, pero era un buen proyecto como luego se vio. En el segundo compartí casa con David Haro, ahora en el Baleares, y me fue mejor.

El Reus ha sido su único ascenso en su carrera.

Me salió bien irme allí. Ascendimos, pero una vez subimos, me dicen que no cuentan conmigo y tengo que salir. Tenía opciones de ir al Hércules, pero me sale el Badalona y quería estar en casa.

Pero no sería por jugar playoffs…

He jugado siete, se dice bien. Pero solo ascendí como primero de grupo con el Reus ante el Racing de Santander, posiblemente el equipo más flojo al que me he enfrentado en un playoff. Todos los demás llegaban muy mentalizados, pero al Racing se le veía nervioso y allí en su campo les barrimos.

Otras veces también acarició el ascenso.

Con todos los equipos he jugado por el ascenso menos con el Badalona. Con la Gramanet nos eliminó el Salamanca. Con el Hospitalet lo jugué dos veces. La primera vez eliminamos al Tenerife y luego caímos con el Éibar. El segundo año nos elimina el Leganés. Con el Sant Andreu juego dos. En el primero nos gana la Ponferradina, que luego ascendió, yéndonos al noveno penalti en la ronda. Luego otro año nos echa el FC Barcelona B de Luis Enrique. Con el Reus fue a la segunda porque el primer año nos elimina el Racing de Ferrol.

Tantas fases de ascensos defendiendo a equipos hechos para subir. ¿Cuál de ellos ha sido el mejor en el que has jugado?

Creo que el Sant Andreu en la 2009/2010. Salías al campo con unas sensaciones muy optimistas. Nos sentíamos superiores a todos. Si se adelantaba el rival, daba igual, sabías que ibas a remontar. Daba gusto jugar con esas sensaciones de superioridad sobre el césped. Teníamos una confianza tremenda, cualquiera podía marcar en nuestro equipo. Fíjate que Máyor hace 21 goles, pero pudo haber marcado 45, no te miento. Estaba Manu Lanzarote, Tarradellas, Héctor Bueno…

De todos modos, hizo goles para ser defensa.

Mi mejor año fue en la 2012/2013. Hice cinco goles. Pero del que tengo mejor recuerdo fue de uno que marqué con el Reus en Xátiva ante al Olimpic. Perdíamos 1-0 y sirvió para empatar. Pude meterme el balón porque mi mujer estaba embarazada y era la forma de dedicárselo. Lástima que mis compañeros no me dejaron celebrarlo más porque íbamos a por la victoria. En aquel estábamos Gerard Badia, Edgar Hernández, Ramón Folch…

El primero fue ante Osasuna B, tenía 21 años.

Ah, ¿sí? No me acuerdo (risas). A veces recuerdo más los que metieron a mis equipos.

La pena fue no llegar a debutar en 2ª.

Me queda esa espinita, la de no haber podido llegar al profesionalismo. No se pudo dar, pero también tengo que sentirme afortunado por haber jugado tantos años. Muchos jugadores lo hubieran firmado seguro.

Ha destacado a jugadores en su carrera, pero también ha tenido entrenadores como para escribir un libro. ¿Con cuál se queda?

He tenido tres importantes; Natxo González, que era muy metódico. Miguel Álvarez, ahora en el Villarreal B. Ofensivamente trabajaba de forma espectacular, pero ahora tengo a Manolo González, y me encanta. Mezcla a ambos, tiene carácter y trabaja muy bien la estrategia.

¿Cree que ha cambiado tanto la 2B en 18 años?

Muchísimo. No tiene nada que ver la 2B en la que yo empecé y la actual. Aquella era más dura, con mayores presupuestos. Estaba la burbuja inmobiliaria con el ladrillo de por medio. Eran equipos rocosos, hechos para ascender. Recuerdo ir a Irún y encontrarme jugadores rivales jugándose todo yendo a muerte. Eso sí, a nivel técnico era más pobre, pero eran jugadores rocosos, duros, sin tanto toque como ahora. Ha ganado en calidad, pero al final, es todo el fútbol en cualquiera categoría. La 2B, en definitiva, es menos física porque es mucho más rápida y técnicamente se ha mejorado.

¿Te queda cuerda para aguantar?

Tengo 37 años y no creo que llegue a los 40. Está muy cerca mi despedida. He visto compañeros que, por alargar, se han retirado mal y no querría verme así. Voy a disfrutar lo que me queda porque creo que debo ser yo el que deje al fútbol, no que el fútbol me deje a mí. Mentalmente me voy haciendo a la idea y me pensaría renovar en ciertas condiciones.

Entonces el final está cerca.

No quiero verme sin equipo. Lo que sí tengo claro es que si sigo es en el Badalona, no deseo verme en otro equipo. Me pensaría renovar, pero no lo tengo claro. Ojalá que, de no seguir, sea con el equipo en PRO.

Y mira atrás y ve más de 500 partidos…

Impensable cuando comencé. Son datos que contaré a mis hijos, pero ahora no vivo con el ego permanente de contar partidos.  Es una cifra importante que me hace sentirme orgulloso.

¿Va haciendo planes para la vida fuera del césped?

Me planteo cosas dentro y fuera del fútbol. Tengo propuestas para ser segundo e incluso tengo varios títulos de entrenador y el de director deportivo. Pero es posible que pueda optar a algo fuera. Millonario no soy y me tengo que buscar la vida.

¿Qué dirá al vestuario Radio Cata, entonces?

Lo desconozco, pero seguro que nos hace reír. Es la voz de nuestra emisora de radio y nos hace más llevadera la vida de vestuario con lo que sucede en el equipo. Nos hace reír un montón. Un crack.

Ángel García

( www.cazurreando.com)

(Imagenes Cedidas por Ismael Moyano)

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