“MENDILÍBAR ME HIZO PENSAR”

Ángel García

Hablar de Nacho Castro en la actualidad de 2B nos lleva, de forma irremediable, al banquillo del FC Andorra, uno de los puestos más cotizados entre los entrenadores por las características de un equipo casi novato en la categoría pero con un peso específico mayor asociado a la entidad mediática que le ha dado uno de sus dueños, el internacional y jugador del FC Barcelona, Gerard Piqué. Pero aquí, el protagonismo es para el asturiano, el inquilino de un banco que tiene una historia en el balompié nacional modesto de esas que darían para escribir un libro. Como en los escenarios, les presentamos a Nacho Castro. Y avisamos, esta entrevista se queda corta.

 

Jugar más de veinte temporadas entre 2ª y 2B no es algo que está al alcance de muchos.

Estoy orgulloso de mi carrera, modesta, pero carrera. Hice lo que me gustaba y ahora sigo en ello. Más no puedo pedir sabiendo como todos sabemos lo que es el fútbol, lo que le rodea.

 

Debuta en 2B con 17 años, en la 88-89, con el Avilés Industrial, el equipo de su ciudad, ante el Arenteiro.

Fíjate que no tengo recuerdos de ese partido. No me viene nada a la cabeza. Recuerdo mucho más el siguiente año, ya asentado en el primer equipo. Y lo hago porque subimos una hornada del equipo juvenil que era muy buena. Estaba Espejo, que llegó al Sporting, Manel, que jugó en el Oviedo, el portero Rafa… era un equipazo. Llegamos juntos en la 89-90 y disfrutamos muchísimo. Incluso ascendimos a 2A. Nos entrenaba Vicente González Villamil, un entrenador que nos dio confianza a los jóvenes. Ufff… tenía 18 años.

No es fácil que salgan generaciones con ese nivel en juveniles.

Y no imaginas la selección de Asturias en esa categoría. Fuimos subcampeones de España perdiendo ante la selección de Madrid donde jugaba de portero Ricardo, que luego estuvo en el Atlético de Madrid u Osasuna. Nosotros teníamos un equipazo con Juanele, Tomás Hervás, Manel, Quique Martín, que también era de Avilés como yo y luego jugó en el Espanyol, Mérida, Salamanca…

La organización de aquella categoría juvenil era diferente.

Solo había un grupo de División de Honor para todo el país, había más competencia en la segunda categoría. El nivel era tremendo para ascender. Teníamos una competición muy dura viajando a jugar ante equipos de un potencial tremendo. Íbamos a jugar a Galicia, Cantabria, Castilla y León…

Incluso jugó con su hermano varios años.

Mi hermano Luis es uno de los jugadores que más partidos ha jugado en la historia del Avilés. Es mayor que yo cinco años y debutó mucho más joven en el primer equipo de lo que yo lo hice, con quince años. Le firmó el Valladolid pero no llegó al primer equipo aunque jugó en 2A en el Lugo y Toledo, donde coincidió con Toño Castro, un primo nuestro que falleció.

Aquella 2B era muy distinta a la de ahora.

Era diferente, más física, con mucho contacto, pero también tenía cierta repercusión. Disfruté mucho aquel segundo año con un equipo que perdió muy pocos partidos y que logró ascender a 2A.

Y empezó a sonar para muchos equipos. Era joven y había pocas perlas en 2B de ese nivel.

No estaba muy al tanto de aquello porque todo era distinto a lo que es ahora con tanto scouting, ni medios ni esas cosas. Sí recuerdo que fueron a verme del Atlético de Madrid a León en un partido ante la Cultural. Fue de los pocos partidos que perdimos e hice un partido horroroso. Me cambiaron. Aquel día para mí fue un desastre.

Y en la categoría de plata, todo fue más cómodo.

Sobre todo el primer año. Hicimos una temporada muy buena. Estuvimos a punto de estar peleando por ascender. Llegaron a mitad de año Monchu, que luego hizo carrera en el Sporting o Sevilla, y un andaluz, Torres, y nos dieron mucho. Fue año para disfrutar donde ganamos a favoritos como el Xerez, al que metimos cinco, o al Rayo Vallecano. La segunda campaña fue más difícil pero tuve más continuidad e hice goles. Aunque recuerdo el primero en la categoría, el primer año, ante el Palamós que acabamos empatando a tres goles.

Pero al final acaba en un grande, aunque fuera para su filial.

Al final de año me firmó el FC Barcelona para su filial, pero es que fue un año en el que no nos salieron las cosas en el Avilés. Oriol Tort, uno de los que mandaba en la cantera del club, fue a Asturias a verme. Habló conmigo y con mis padres, y me fui. Que te llame el Barça lo cambia todo. Para mí fue un cambio radical. De Avilés a Barcelona solo. Me costó mucho porque era joven y esa inmadurez hizo que la adaptación no fuera fácil.

Y aparece en un equipo que rompe moldes, que cambia el panorama del fútbol de entonces con un técnico como Cruyff con el que llegó a entrenar y a debutar en el primer equipo.

Llegué cuando se acababan las Olimpiadas, y directo a Holanda, donde hicimos la pretemporada también con el filial. Tenía aquel filial un equipo excelente. Y luego estaba Cruyff. Con eso estaba todo dicho. Llego a debutar jugando la Copa Catalunya los dos primeros años, aunque no en liga.

¿Qué recuerdos tiene de Johan Cruyff?

Que era un genio. Le recuerdo dándome órdenes en un partido antes de que entrar. Me dice que estuviera atento, que iban a pasar un par de cosas. Y va y pasan. Es que anticipaba, te contaba cosas que no imaginabas que podían pasar, y pasaban. Era increíble. Le veías y te imponía, estaba un paso de gigante por encima del resto con sus ideas, sobre todo a nivel ofensivo. Creo que, junto a Guardiola, son entrenadores por encima del resto a ese nivel.

Para recordar aquellos entrenamientos.

Disfrutabas entrenando, algo que no me había pasado hasta ese momento. Nos lo pasábamos muy bien, era diferente a todo lo que se hacía. Hasta entonces todo eran situaciones muy diferentes al juego. Todo era físico, correr cuestas y aquellas historias… pero llega Cruyff y todo era balón y balón. Buscaba que nos divirtiéramos sobre el campo, algo que yo he tratado de aplicar también a mis equipos.

Pero tuvo a Quique Costas en el filial.

Una persona increíble. A nivel personal era una pasada. Siempre preocupado por los jugadores, muy encima de nosotros. El trato era básico porque los jugadores son personas. Él sabía hacerlo. Es uno de los entrenadores más importantes que he tenido en mi carrera. Y sus enseñanzas, lo que aprendí en el Barça con él, es lo que quiero trasmitir, aunque siempre con matices.

¿Le quedó la espina de no haber tenido mucha regularidad con los azulgranas?

En un club de esa envergadura es complicado cumplir las expectativas. No sé si me pudo perjudicar la calidad y el nivel de la plantilla. Allí estaba gente de muchísimo nivel porque coincidí con De la Peña, Oscar García, su hermano Roger, Vucevic… jugadores de Primera, como luego demostraron. Me pudo en mi contra no tener la continuidad necesaria, pero algo tuvieron que ver también mis prestaciones. Además, en aquellos contratos había cláusulas importantes. Jugar una serie de partidos, subir al primer equipo… los clubes vendían sus jugadores a los equipos grandes con cláusulas enormes en caso de jugar un número de partidos o ascender a primer equipo. No lo tendrían claro conmigo y evitarían pagar por un jugador que es posible no fuera lo que ellos pensaban.

¿Dejó el equipo culé con la sensación de fracaso?

A ver, creo que somos el entorno en el que nos hemos educado. Y no haber tenido ese grado de madurez o haber carecido de la personalidad para ser valiente fue algo que me impidió destacar más. Y es algo que veo en los jóvenes y quiero ayudarles para mejorarlo. Lo peor es tener dudas, y yo las tuve.

Ejercicio de autocrítica que le sirve ahora como técnico.

Claro. Ten en cuenta que hay mil circunstancias que le influyen a un jugador para que crezca. Y al final eso hace que tu nivel no sea el que puedes dar. Y yo lo he vivido. Ahora, como entrenador, lo ves cada día, y los jugadores te lo trasmiten.

Y deja el club catalán.

Y firmó por el filial del Deportivo,  que venía de perder la liga en aquel famoso penalti. Me firma el filial porque ya tenía 24 años. Tenía ofertas para quedarme en 2ªA pero entonces el Dépor era el Dépor, un equipo muy potente. En el filial había jugadorazos; Viqueira, Sanromán, Maikel… era un equipo tremendo. Nos quedamos a punto de jugar PO de ascenso en el último partido en casa. Perdimos contra el Real Madrid C.

Y vuelve a casa por primera vez pero dura poco, solo un año.

Mi primer regreso antes de irme al Real Murcia donde casi me retira del fútbol una lesión. Tenía 26 años y sufro una luxación completa de tobillo y peroné siendo la primera lesión importante de mi carrera, pero tuve la suerte que allí estaban Ripoll y De Prado, dos eminencias, que me operan y salgo bien de aquella. Fue la misma lesión que tuvo Juninho en el Atlético de Madrid cuando le lesiona Míchel Salgado. Esos doctores me permitieron jugar hasta los 38 años.

Luego acaba en el Jaén, un equipo que viene de descender de 2A.

Lo mejor es que me acabé casando allí (risas). Mi mujer es de familia catalana y yo asturiano. Al final, en tierra de nadie. En serio, un buen equipo en un año difícil en el club, pero me quedo con los recuerdos y los compañeros. Teníamos un delantero muy bueno, Rueda, y luego compañeros espectaculares como Somavilla, Chumilla…

Y acaba regresando al norte del país. Primero Avilés, en su tercera etapa, y luego el Ávila.

Y con dos descensos seguidos en ambos equipos. Al Ávila fui porque me llama Luis Ángel Duque. Me quería sí o sí. Pero me vuelvo a lesionar en un choque con Cubillo, el actual entrenador del Hércules que estaba en el filial del Atlético de Madrid. Me rompo los ligamentos y estoy parado una vuelta entera.

Y sin salir de Castilla y León, dos años seguidos al Zamora.

La segunda temporada hicimos un año muy bueno. Estaba el campo recién inaugurado. Allí en Zamora sufrí, el primer curso, el primer cese de un técnico estando yo como jugador. Fue Luis Gail, que fue capitán del Real Valladolid como jugador.

¿Se vive distinto un cese siendo jugador?

Es difícil la situación, pero es cierto que los futbolistas siempre hemos sido egoístas.  Aún así, siempre he respetado al entrenador y he tratado de ayudarle. Y no es fácil estando dentro de un vestuario, teniendo un rol en la plantilla. Realmente, es muy complicado gestionar un vestuario porque depende de cosas que, muchas veces, no puedes controlar. Por eso ahora me fijo mucho en otros aspectos, más allá de los deportivos, cuando tengo que firmar a un jugador para mi equipo.

¿Qué aspectos?

Sobre todo, que tengan una vida ordenada, que sean serios en su trabajo. Es algo que miro mucho antes de firmar. Pides mil informes, hablas con gente y exiges referencias. Su entorno es básico porque al final no dejan de ser veinticinco personas distintas en un vestuario, con diferentes personalidades. No es la primera vez que me pasa estar en un equipazo y que las cosas no funcionen por este tipo de cosas. Los entornos ayudan o perjudican mucho.

Mendilíbar le ayudaría a tomar la decisión de firmar en Lanzarote.

Me firma para irme con él. Yo ya sobrepasaba los treinta y me sorprendió su insistencia para llevarme. La lección que me queda de él es que me hizo pensar. Yo tenía una edad y descubrí algo nuevo. Era de un nivel de exigencia brutal. Te sacaba el 200% y te presionaba, pero acababa el entrenamiento y era otro mundo; todos a tomar una cerveza y unos pinchos. Había que hacer grupo y si cada uno va a su bola… no es bueno. Tenía unos valores y los ha cumplido. Creo que el fútbol ha sido justo con él.

 

Pero se fue a la península y se quedó usted en las islas.

Se fue al Éibar y me surgió la posibilidad de unirme a un buen proyecto sobre el papel, el Fuerteventura. Pero problemas de adaptación familiares nos llevaron a cambiar a mitad de temporada a La Rioja para jugar aquel Recreación que luego desapareció. Sucedía un caso similar en Oviedo con el Real Oviedo y el Astur, el engendro que llamaban. Al final no estuve mal y me quedé otro año en el Logroñés CF. Pero ya iba pensando en la retirada. Me quedaba un año en Lanzarote con el Orientación y es entonces cuando comienzo a compaginar mi trabajo ajeno al fútbol con el césped.

¿Cuál es ese trabajo?

Soy Técnico Superior en Riesgos Laborales. Hice unos años de Derecho y luego me cambié a Relaciones Laborales. Desde que dejé el fútbol, incluso mis últimos años, compaginé ambas cosas. Me retiro a los 38 años pero acabé jugando en categorías inferiores de fútbol en Cataluña, a donde me fui a vivir.

Retirarse, tras una carrera tan dilatada, tuvo que ser difícil.

No, para nada. Me retiré yo, no me retiró el fútbol. No lo eché nada de menos. Imagina que estuve tres o cuatro años sin jugar, sin tocar un balón. El desgaste había sido enorme. No me queda la sensación de pena porque creo que el fútbol te pone donde te mereces.

Se centra en su trabajo.

Recuerdo el primer día. Estaba en una carretera y llega una inspectora. No sabía por dónde salir. Me gustaba mucho mi trabajo, pero entonces empecé a echar de menos otra vez el fútbol y…

Y acaba como entrenador.

Y lo que es mejor, me he dado cuenta que me gusta más entrenar que jugar. Durante unos años llegué a hacer 450 kms diarios. Me levantaba a las 6 de la mañana, me iba a trabajar a unos cuantos kilómetros de mi casa, volvía a casa y al entrenamiento. Llegaba a casa de noche, tras casi todo el día fuera.

Casi sin vida personal.

Mi mujer siempre me ha apoyado, aunque no le gusta nada el fútbol. Nunca me ha dicho nada de lo que debo hacer y, cuando tomé la decisión de dejar mi trabajo para dedicarme a entrenar al FC Andorra, me apoyó.

Un cambio arriesgado en la situación social y económica actual.

No hay lamentos de ningún tipo. Tomé la decisión porque sabía que si no lo hacía me iba a arrepentir. Estoy haciendo lo que más me gusta, lo que me apasiona… quería estar 24 horas al día con la tranquilidad de pensar solamente en el fútbol. Ahora me levanto y hago lo que me gusta, sabiendo que el desgaste es muy grande y que el entrenador también sufre, pero lo bonito es hacerlo.

Por el camino se habrán quedado muchos. ¿Destaca a algún compañero?

Si tuviera que decir alguno sería Joaquín, un compañero que tuve en el Avilés. Era diferencial, hacía cosas que no he visto a nadie, pero también era otra época.

¿Notó una evolución en su juego con los años?

Yo siempre he sido de los dar y repartir, era un cabrón en el campo, me transformaba. Fuera del campo era muy tranquilo, pero sobre el césped era muy competitivo.

Su último gol en 2B, antes de la retirada en Tercera, fue a un portero aún en activo.

A Roberto, el actual portero del Valladolid, de vaselina. Fue un partido contra el filial del Atlético de Madrid. Terminamos empatando a 3. Fallamos un penalti en el descuento. Y ellos, también en el descuento, nos empatan.

 

Marcó goles a porteros míticos.

A Cañizares, en aquel Mérida que entrenaba Juanito. A Fernando, un portero que jugó en el Málaga y en Sevilla, a Angoy, Iru…

Y una anécdota que tiene que contar, contra el Sevilla en Copa del Rey.

Fue curiosa. Con el Lanzarote de Mendílibar le damos un meneo al filial en nuestro campo de césped artificial. Les ganamos 4-0 a un equipo joven pero con mucho talento; Sergio Ramos, Jesús Navas, Abel Gómez, Kepa, Pablo Ruiz, Antonio Puerta… Incluso marqué un gol. Me cubría Sergio Ramos en ese momento y se veía que era un jugador tremendo, muy joven, pero se le notaba ya. La cuestión era que jugábamos unos días después contra el primer equipo en Copa y Caparrós, tras ver la goleada, se echa atrás y dice que ya no quiere jugar en artificial cuando había dicho que sí al principio. Nos fuimos al Insular de Las Palmas y perdimos 0-1 con gol de Julio Baptista. Parece que tuvieron miedo a ir al artificial (risas)…

Y ahora en el banco, en un año complicado por la reestructuración.

Es un año con muchas urgencias que no va a ser fácil. A ver lo que dura la paciencia porque los clubes tienen muchas necesidades y todos quieren entrar en la PRO.

 

La última. ¿Piqué es muy exigente?

Es uno de los dueños del club. Ha venido a vernos varias veces, pero se mantiene al margen. En lo personal es muy buen tipo, te deja trabajar.

 

 

 

 

Ángel García

( www.cazurreando.com)

(Imagenes Cedidas por Nacho Castro / FC Andorra )

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