«¡NO ME DA LA GANA DEJAR EL FÚTBOL!»

Ángel García

 

¿Se imaginan a alguien jugar casi 69 mil minutos como futbolista profesional? Equivaldrían a más de 1149 horas de juego sin descanso, casi 48 días seguidos. Pues no se lo imaginen porque existe en el fútbol nacional, más concretamente en 2B. César Caneda (10-05-1978, Vitoria) es el protagonista, el longevo jugador, un defensor que, siempre en la zaga, está a punto de acariciar, a solamente tres partidos, los 800 partidos como profesional. Nadie, e insisto, nadie se ha acercado a esas cifras. La distancia con su perseguidor -Nino, delantero del Elche- es de más de cuarenta partidos. Una carrera envidiable para la mayoría, inalcanzable para muchos.

Casi 43 años y aún en la pelea, sin descanso.

42, di 42, no me pongas más que a esta edad me tengo que considerar joven.

3 de septiembre de 1995. Su primer partido en 2B. Hace más de 25 años.

Y en el Aurrerá, mi equipo, en el que más he disfrutado en sus bases, en donde me formé. No recuerdo mucho, pero aquel equipo, aquel club me hizo aprender muchas cosas.

¿Cómo cuáles?

Aprendías rigor defensivo, pelear con tus compañeros por un objetivo, a ser solidario… aprendías valores, sobre todo. No sé si decir que era una escuela pero estabas compitiendo, entrenando con jugadores que te ayudaban a evolucionar.

Ahora no se trabajan tanto esos valores. Parece que cada uno va un poco más su “bola”.

Antiguamente había más respeto que ahora. Yo lo veo así. Había un compromiso, un respeto al club, a tus compañeros veteranos. Ahora, socialmente, todo eso se ha perdido, pero es que es un cambio de mentalidad que se refleja en la sociedad. Se sigue manteniendo la pelea en el campo, la lucha, pero antes la personalidad definida en un club, la permanencia que te ataba un equipo, estaba mucho más marcada. Ahora se da bombo a cosas y detalles que antes apenas tenían importancia. Parece que llevar un determinado coche, llevar un peinado… tiene más importancia que el resultado del fin de semana.

Y Cándido Arroyo, un mítico de los banquillos en el País Vasco.

Era un fútbol distinto el que nos mostraba, el que quería que practicáramos, el que se llevaba entonces. Aquella 2B era muy práctica, los campos eran peores que los de ahora, no ayudaban en nada a jugar como pasa actualmente. No existía la época de Guardiola. Eran partidos rudos, toscos, mucho más físicos que técnicos y se vivía el fútbol de forma muy distinta.

Pero debutó con el equipo en el que se formó.

El Aurrerá es como el segundo equipo de Vitoria después del Alavés, un equipo que, entonces, tenía convenio con el Athletic. Juego media temporada y me reclaman de Bilbao en diciembre con Sarabia de entrenador. Así es como llegó al Athletic.

Y llegas y al campo, sin descanso, a jugar en 2A.

Sí, pero acabamos descendiendo. Fue una experiencia dolorosa. Al final acabé haciendo la pretemporada con Luis Fernández con el primer equipo, aunque seguí jugando en el filial de 2B. Fueron dos años entrenando con la primera plantilla cuando me solicitaban. Éramos un grupo de jugadores del filial de Terrazas que solíamos tomar parte en los entrenos.

¿Te creciste? A veces sucede cuando se adquiere una meta siendo tan joven.

No, para nada. En aquel tiempo la mentalidad de los chavales que subíamos era muy distinta a la actual. Ibas a aprender, a estar con jugadores más expertos, a mirar lo que hacían. Aquellas generaciones de entonces eran más sencillas. Nosotros no éramos conscientes de las posibilidades de poder vivir de aquello.

Raro, como dice, en las nuevas generaciones.

Es que íbamos con la idea muy clara; entrenábamos con el primer equipo mientras el club quisiera, y luego a jugar en el filial con Terrazas. Era circunstancial. En aquel grupo estábamos Aranzubía, Yeste, Arriaga, Solabarrieta… algunos consiguieron más que otros, pero allí tratábamos de aprender.

Y debutas en Primera el 22 de febrero de 1997. Un sueño.

Fue increíble, aunque perdimos. Fue ante el Dépor en La Coruña. Luis Fernández era el entrenador. Sustituí a Alkorta, uno de mis ídolos, imagina. Fue un sueño que se me ha quedado grabado; estar en el mismo equipo que ídolos que has tenido en los cromos… Muchos nervios, pero con unas sensaciones raras; estaba contento por haber podido debutar pero triste porque perdimos 3-0. Recuerdo entrar al vestuario con un 3-0 en contra y puedes imaginar, todos cabizbajos. Fue un debut que tuvo un lado muy feo para mí.

¿Recuerda lo que le dijo el técnico francés?

Claro, eso no se olvida. Me dijo que estuviera tranquilo, que lo iba a hacer bien, que no me preocupara por el resultado. Ya íbamos 2-0 abajo.

Era un tipo peculiar Luis Fernández.

Un tío muy cercano, muy dicharachero. Había un rollo muy bueno en aquella plantilla del Athletic. Incluso se alcanzó la Champions.

Donde llegó a debutar también.

Sí, jugué la fase previa contra el Dinamo Tblisi y luego un partido contra el Galatasaray de Gica Hagi. Aquello era otro mundo; las televisiones, la prensa, el ambiente que se vivía.

¿Y la liga? Usted alcanzó cierta continuidad en la plantilla del Athletic.

Pero fue unos años más tarde, cuando me recuperaron tras las cesiones. Salir cedido a 2ªA, los años anteriores, me vino muy bien. Era una forma de salir de la burbuja que era el Athletic y Lezama. Además, para un canterano, es algo que hasta asumes como normal.

¿Burbuja?

Sí, me refiero a salir de un ambiente donde todo está muy controlado para el futbolista, sin ninguna preocupación más allá de jugar y entrenar. Llegas y está todo ajustado para hacer tu trabajo; botas limpias, perfectas, ropa preparada… y llegas a otro lugar donde todo es diferente, con diferentes condiciones.

¿Fue fácil acostumbrarse a jugar en 1ª?

Es más complicado de lo que la gente piensa. Hay mucha presión y yo, personalmente, sufría mucho por sentirme observado, no solo en el campo, también en la calle. Bilbao es el Athletic y la gente te reconoce, te para. Pasé de jugar ante 200, a hacerlo ante más de treinta mil.

¿Se sintió incómodo?

Fueron años complicados porque no me gustaba sentirme el centro de atención. No me cuesta nada decirlo, pero no me sentía a gusto con esas sensaciones a la edad que yo tenía entonces. Puedo decir que no asumí el rol de jugar en Primera, me pudo la presión, el miedo a fallar, ir por Bilbao y que te observaran… es algo que no llevé bien. Al final, pierdes la confianza y no rindes como deberías hacerlo.

Y comienza un ciclo fuera del Athletic. Primero a Salamanca.

Era una opción muy buena para mí. Acababa de descender a 2ªA y crees que va a ir todo perfecto, pero no. Sufrí mucho porque, como he dicho, salía de la perfección del Athletic y descubres el fútbol. Salamanca era un club de capital de provincia, con el objetivo claro del ascenso, pero las cosas no salen. Pero la experiencia fue muy buena y me sirvió de mucho, para aprender.

 

Las siguientes cesiones, en el Sevilla y el Rácing, acaban con ambos equipos ascendiendo.

En Sevilla salió todo rodado, aunque no jugué todo lo que hubiera querido con Caparrós. En Santander me fue mucho mejor. Era Quique Setién el entrenador, estaba empezando y fue una buena experiencia. Era un míster cercano, implicado, sabía trasmitir.

Y regresa al Athletic.

Otros tres años, pero jugando muy poco. El primero con Heynckes y los dos siguientes con Valverde. Cuento muy poco para ellos. Mi papel era secundario, pero lo acepté con naturalidad. Lo mío era apoyar y apoyar al equipo.

Con 27 años deja el equipo vasco siendo ya todo un veterano.

Ascensos, descensos, no jugar, no ir convocado… lecciones de vida en el fútbol.

En Éibar no salen las cosas.

Firmo con ellos un contrato de dos años. Personalmente es un año en el que tengo mucha continuidad, pero acabamos descendiendo. Cuando acaba la temporada viene a por mí el Cádiz y salgo, pero tengo que pagar de mi bolsillo para poder salir. Creo que pagué alrededor de cien mil euros.

¿Cómo le fue en Cádiz?

Dos años estuve. El primero fue muy bien, estuvimos siempre arriba y casi jugamos el playoff. El segundo año fue muy raro. Llegaron unos inversores y comenzaron a firmar con muy poco criterio y fichas muy altas. Eran jugadores importantes pero cuando fichas muchos jugadores de ese nivel y todos en un mismo vestuario, pues hay problemas. Al final, descendimos.

Y te sale el Alavés, regresar a tu ciudad, a tu casa.

Siempre lo deseé y al final fue la peor experiencia futbolística de mi carrera. Además, ha sido el único año en el que he jugado en mi ciudad y mira como salió. Llegué con mucha ilusión y salió mal todo.

¿Tan mal le fue?

Era un horror. Era de la ciudad y las cosas no salían. La gente te conoce por la calle y no te puedes imaginar. Ir a llevar a mis hijos a la ikastola, pasear, salir a cenar… te sientes mal, criticado, un suplicio hasta para mis hijos. Imagina que el padre de los compañeros de tus hijos es jugador del Alavés… ufff, no te lo quitabas de la cabeza en ningún momento.

Te serviría de aprendizaje…

Aprendes a saber quienes te aprecian y quienes quieren estar a tu lado cuando las cosas salen mal. A distinguir a la gente interesada. Al final, maduras como persona y como deportista y aprendes a relativizar.

Pero acabas la temporada, descendiendo de nuevo, y vives algo insólito.

Acabo en 2B tras muchos años jugando en las categorías superiores y no tengo equipo. Me llegué a plantear dejar el fútbol. Me quedé sin nada, estuve esperando porque piensas que te va a salir algo en 2A, pero pasan las semanas y no te sale nada. Me vi el 30 de agosto sin nada, ni siquiera los equipos vascos de 2B. Entonces me llama un amigo que era representante y me dice que se va a mover rápido. Me surge la posibilidad de irme al Guijuelo y allí que voy.

Tierra de jamones, Guijuelo.

Me lo planteé como una transición, por ver la categoría y seguir compitiendo. Ángel Crego fue mi primer entrenador, pero luego llega Pouso, clave en mi carrera en muchos momentos desde entonces. Ha sido muy importante para mí y mi continuidad en el fútbol. Imagina que de pensar en dejarlo todo, a seguir ya doce años jugando desde entonces.

¿Cuál fue la clave para hacerlo?

Mi pasión, mi pasión por seguir jugando, mi pasión por el fútbol.

Pouso se va al Mirandés y se va con él.

Y acabo jugando allí durante cinco años. Fue una etapa fantástica, pero no la mejor de mi vida. Allí viví el tema famoso de la Copa del Rey y un ascenso. Ha sido Miranda de Ebro un lugar privilegiado en mi carrera.

De aquel equipo famoso, de Copa del Rey, que puso en el mapa nacional a Miranda de Ebro, no le voy a preguntar, se sabe todo.

Fue muy mediático. Es verdad que todos hablaban de nosotros.

¿Cuál ha sido, entonces, su mejor etapa?

He disfrutado en muchos lugares, pero donde más lo he hecho, donde mejor me he sentido, donde más he disfrutado, ha sido en el Aurrerá, de cadetes, en las bases. Estaba con amigos, jugaba para divertirme. Era todo sano, no había negocio en el fútbol, no éramos mercancía. Todo era pasión, ir a jugar con los amigos. Luego todo fue más una manera de vivir.

Y Terrazas, con el que vuelve a trabajar en el Mirandés, le da la baja tras tres temporadas consecutivas en 2A y jugando siempre titular. Tenía 36 años ya.

Terrazas no me renueva porque soy mayor. Eso es lo que me dice. Yo me pensaba retirar allí, estaba feliz, jugando, en 2A… pero por medio de Colsa, que estaba en el Rácing con Munitis, me sale la posibilidad de entrar en el equipo casi quince años después de mi primera etapa allí. Era un buen sitio que ya conocía y me quedaba cerca de casa.

¿Dolido con Terrazas?

No sé si esa es la palabra porque ya había visto cómo había actuado con otros compañeros, pero no me gustó porque me hacía la idea de seguir y sabía que, pese a mi edad, aún podía rendir en el equipo. Lo asumí de la mejor posible sin mirar atrás, pensando que podía demostrar que aún tenía mucho por delante.

En el Rácing alcanzó playoff, pero no logra ascender.

Fue un palo. Perdimos, como campeones, la primera eliminatoria ante el Reus, y luego caímos ante el Cádiz. Al principio era un equipo con mucha ilusión, pero no conseguimos competir bien el playoff.

Y se vuelve a encontrar en su camino con Pouso.

Estaba de míster en la UD Logroñés y me vuelve a llamar. Pouso es una de las razones por las que aún continúo jugando al fútbol. Además, me veía capacitado y al mismo nivel que otros compañeros de la categoría.

En Logroño está cuatro años, cerrando el ciclo en la UDL con un ascenso deseado a la categoría de Plata. ¿Deja el equipo triste?

Me dolió renovar, no voy a mentirte. Después de cuatro temporadas me hacía ilusión seguir en el equipo. Tuve la confianza del míster y conseguimos al final el objetivo del ascenso… y de repente desde el club hay dudas sobre mi rendimiento. Tengo muy claro que mi papel en el equipo en 2A no hubiera sido jugar 30 partidos, pero me veía ayudando a mis compañeros por mi forma de ser y por mi experiencia. Solo me quedó asumirlo porque hay que encajar los golpes de la mejor forma posible y levantarte.

Pero se queda en Logroño.

La Sociedad Deportiva me da la oportunidad y no lo dudé. Sigo disfrutando y viviendo del fútbol, que es mi vida. Creo que no hay mejor trabajo que el mío. ¡No me da la gana de dejarlo!

Está tocando con los dedos los 800 partidos. Nadie, insisto, nadie ha jugado tantos partidos en el fútbol profesional en España.

Sinceramente me siento un privilegiado por alcanzar esta cifra, por la experiencia profesional que acumulo, por la gente que he conocido, por las ciudades en las que he estado… No me paro mucho a pensar, pero estoy muy orgulloso de mi camino.

¿Hasta cuándo le queda cuerda?

Mi planteamiento, en las últimas temporadas, siempre ha sido el mismo; al final del año me sentaré con la familia y valoraré lo que he hecho y las opciones que tengo de seguir. Si todo sigue así a nivel físico y tengo la ilusión de siempre, seguiré. Un año más al menos, pero ahora mismo no me quiero plantear nada. Esto es algo que puede variar en cuestión de meses.

¿Le retirará el fútbol o se retira?

A mí me va retirar el fútbol, estoy seguro. Otros tienen la oportunidad de buscar su pasión fuera del fútbol, pero yo tengo aún mucha pasión y no he encontrado algo que me apasione por ahora fuera del fútbol. Además, no tengo la cartera llena (risas).

¿Cuál es el secreto para mantenerse con 42 años?

Todo, es un conjunto. Entra la suerte, que no tengas lesiones, cuidarse, la alimentación… Además trabajo con un preparador físico personal, Jorge Domingo, que me hace rendir al nivel de la categoría.

Ha tenido rivales de entidad en todas las categorías. ¿A cuál le costó marcar más?

En Primera, a Ronaldo, el gordito. Acojonaba tenerle enfrente, no sabías lo que te iba a hacer. En 2A me costó mucho Rubén Castro. Es un jugador que parece tranquilo, que no está, pero en una jugada muerta te hace un lío.

De 2B los rivales están más recientes.

No voy a hablar de rivales, aunque ha habido jugadores que me han impactado. Diré dos ex compañeros; Marcos André y Reguilón. Entrenabas con ellos y se les veía, eran increíbles. Iban sobrados para lo que es la categoría.

Son veintiséis campañas por el camino. ¿Qué se ha perdido por el camino?

Mi juventud, mis amigos, disfrutar de los 16-18 años con ellos, poder compartir momentos con ellos, irte de vacaciones… pero no me arrepiento de nada. No me ha pesado demasiado perderlo porque todos estos años han merecido la pena.

Olvido que fue internacional.

¡Hay tanto que contar en estos años…! No llegué a la sub´21 ni a la absoluta, por supuesto, pero estuve en la sub´20 en un campeonato del mundo en Malasia. Lo recuerdo bien porque fue mi mejor experiencia internacional; el trato, los hoteles, el mimo con el que te llevaban y cuidaban… Irrepetible.

Me despido insistiendo en lo mismo: 800 partidos casi, se dice bien.

La cifra asusta, pero lo veo más como una anécdota, aunque es bonito ver lo que he conseguido.

Ángel García

( www.cazurreando.com)

(Imagenes Cedidas por César Caneda y El Correo de Burgos)

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