EL GROTESCO PAPEL DE LOS RECIÉN DESCENDIDOS

Ángel García

 

Hacía muchas campañas -es complicado afirmarlo- que no se conocía un papel tan pobre sobre el césped como el que están ofreciendo los equipos recién descendidos de Plata a la categoría de bronce. Los cuatro están ofreciendo a estas alturas de la temporada un desempeño en sus funciones que deja mucho en el debe y demasiado en las exigencias, además sensaciones de equipos con tanto lastre futbolístico como falta de norte en sus decisiones, no solo deportivas.

 

El pasado día 14, el Deportivo presentó sus cuentas en las que mostraba los más de 13 millones de euros que tenía de presupuesto. Grosso modo, podrían abarcar el presupuesto de más de cincuenta equipos de la categoría, incluso más, disponiendo el Dépor de más caja para funcionar que la mitad de equipos que toman parte en los 10 grupos de 2B. Y, para manejar esa cantidad tan ingente de cash, el ridículo con el que lo están empleando por los distintos campos de su grupo es mayúsculo. Con jugadores que alcanzan las siete cifras en sus salarios -caso de Rolán, que, como indicó el Diario As tuvo, porque ya salió, un salario de 1.3 millones de euros- y otros que superan con creces la media de 2B, las prestaciones que ofrecen le lleva a sostenerse en un argumento donde ocupar la quinta plaza, a estas alturas, puede parecer hasta bueno.

Con el cese de Fernando Vázquez, que demostró una enorme falta de conocimiento de la categoría, y la llegada de Rubén de la Barrera, el equipo ha ido a peor. Las cifras y estadísticas demuestran resultados de equipo roto, descabezado, sin brújula. Llevan 5 partidos sin marcar un solo gol a favor, siete partidos sin ganar -el último partido en el que lograron los tres puntos fue el 1-0 ante el Rácing de Ferrol con gol de penalti- y sumando 7 goles a favor en 13 partidos con una media de 0,53 goles por partido, siendo el equipo del grupo que menos goles logra a su favor -solo el Prat, Getafe B, Penya Deportiva y Las Palmas B han marcado menos de entre los 102 de la categoría y seguro que entre los cuatro no alcanzan el 15% del presupuesto gallego-.

De De la Barrera se esperaba mucho más. La semana tras su llegada fue de un subidón de adrenalina total para la afición por lo que suponía un técnico de la ciudad llevando las riendas, pero su efecto, en vez de reactivar al equipo, ha supuesto una reactivación de los rivales que juegan a placer ante un equipo que ha perdido identidad defensiva, lo que le sostenía hasta este momento ante la impericia ofensiva.

Y, por el medio, Abanca, el dueño del club, que toma decisiones en pleno dislate. Un banco organizando a un club, haciendo dimitir a su directiva, tomando decisiones que, amparadas en la verdad o no, no dejan de ser decisiones de un banco.

 

Lo de los sorianos es la austeridad por bandera. Viviendo aún asidos a una nueva propiedad que solamente ha cosechado error tras error hasta el momento, el equipo castellano es otro de los que no encuentra su nicho en la categoría. Con un cese de míster ya a las primeras de cambio -había dicho el presidente del club Moisés Israel este verano que se firmaba a un entrenador, refiriéndose a Mandiola, que «siempre quedaba primero»- y un plantilla configurada contra el reloj pero con criterio, el cuadro rojillo no termina de adaptarse a una categoría que ha evolucionado mucho con el paso de los años.

Este grupo en el que toman parte no es el vasco de antaño ni se mantienen las mismas bases futbolísticas que solían zurcirse en el césped. Y quizás eso es lo que se dice que se le habría achacado a Mandiola, un míster a la antigua usanza poco adaptado a la evolución de la categoría. A nivel de resultados, a los sorianos se les han atragantado las salidas… hasta la última a Oviedo. En las cinco anteriores, el equipo no había conseguido ser capaz de marcar un solo gol acumulando tres derrotas y dos empates, dos puntos sobre quince posibles, unos números muy pobres para partir como favoritos. Y sorprende esa goleada con la que han roto la racha tras no contar con Toni Gabarre, su referencia ofensiva, ahora lesionado.

De la misma forma, el cese de Mandiola hizo que los numantinos apostaran por un perfil bajo de la casa, Álex Huertas, que asume su primer mihura en sus manos. Ahora le queda manejarlo, pelear con los otros dos equipos castellanos -Valladolid B y Burgos- además de la Cultural Leonesa por alcanzar una plaza que, hoy por hoy, no es suya con las certezas del balón en el césped y las dudas de los despachos.

 

Si el despropósito hubiera querido tomar forma en un club, estaría muy cerca de amoldarse al Rácing de Santander. Porque lo del cuadro cántabro es la crónica de un desastre que se intuía durante la pretemporada. Un club con una inestabilidad institucional tremenda, con posibles dimes y diretes de ventas e intereses de lo más variopinto, de la llegada de un director deportivo poco adaptado a la realidad de 2B, de un secretario técnico al que le ha sobrepasado el cargo, de una dirección deportiva, en general, que lleva meses dando palos de ciego. Porque se apostó por Rozada y su trabajo con las bases pensando en dar una vuelta de tuerca a un club acostumbrado a gastar pasta sin mirar en la cantera. Y cuando el técnico carbayón llega, comienza a dar continuidad a Pablo Torre, Íñigo, Ceballos, Mantilla, Camus o Martín Solar. Pero minutos importantes, no partidos puntuales. Cumple la primera premisa y, aunque el equipo no borda un juego espectacular, no se cae de la lucha -el covid y aplazamientos también contaron-.

Esperando el error de Rozada, Amorrrortu le cesa -se dice que nunca congeniaron- y saca de su chistera al que ya sacaba su patita -más bien le empujaba el propio DD vasco a salir-; Solabarrieta. Y, en apenas tres partidos que acumularon tres derrotas, hace bueno a todos los técnicos anteriores en la historia del club en los últimos veinte años. Era evidente que Rozada estaba sentenciado antes de arrancar la campaña y el error le penalizó mucho más que al actual técnico vasco.

Pero el mercado de invierno y 2021 le han dado nueva cara al equipo. Tres victorias en cuatro partidos, pese a no desarrollar un juego exquisito, han vuelto a hacer que los aficionados alberguen esperanzas. Aunque, con todos sus partidos disputados, aún se mantienen a tres puntos del tercero, estando este con un partido menos que haría que la ventaja se ampliase a seis.

 

Hablar del Extremadura, por último, es tomar cuerpo en los despachos, lugar de luchas intestinas desde hace temporadas, de bandos y de ruido de sables que cortaban el viento. Las dos facciones han sostenido al equipo entre sospechas y actos que, por momentos, no tenían ni pies ni cabeza. La que sostenía a Oliver, se conocía. La del presidente Franganillo se auspiciaba en la sanguinidad extremeña. Por el medio, nada por el desierto del grito vacío de unos aficionados que desangraban su sentimiento rojo y azul entre la inoperancia de quienes debían operar y esperaban más el error del prójimo que el beneficio del club.  Poco que añadir, cuando el disparate encontró acomodo en el límite salarial y y comenzaron mal su andadura por 2A cuando más debían disfrutar.

Pero llegó el descenso y, con él, toda esa sangría que dicen que se asoció con los salarios pendientes, a las deudas morales con una afición herida en el bolsillo y en el corazón. López Ramos emergía cuando podía con operaciones marcianas en un regreso a una categoría que debía ser una transición al ascenso y se ha convertido en un suplicio. Jugadores firmados sin ficha o cedidos sobre la hora, otros sin dar el do pecho reconvirtiendo sus funciones, los menos tratando de entender el club por el que habían firmado, y todos expectantes para recibir una oferta que les sacara en el mercado de invierno. Menos mal que llegaron los inversores, pero sin capacidad de invertir en refuerzos -no pueden fichar los de Almendralejo porque primero es ordenar el club-. Al menos, en otra controvertida decisión, cesan al segundo técnico de la temporada y le devuelven el bastón de mando a Mosquera, el que habìa sido cesado en primer lugar. El mundo al revés.

Ahora habrá que ver cómo se mueven Lardín y, de quien dicen que es su mano derecha, Verdú. Pero para eso necesitan pasta y memoria. Pasta para firmar, memoria para recordar la cantidad de nombres que les ofrecerán. De momento, les quedan finales y remontar para ser más regulares. Poco tienen que ofrecer estando a dos puntos de hacerse hueco. Poco, pero tienen que hacer algo que no han hecho hasta ahora; competir sin mirar a las oficinas.

 

 

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