«EL MARBELLA, CRÓNICA DE UN DESASTRE»

Ángel García

Foto: Marbella CF

Le tengo un cariño tremendo a los eufemismos, a los juegos de palabras, a los sinónimos mal empleados, en definitiva, a las no verdades, porque decir mentiras implica, en cierto modo, llamar mentiroso a quien las dice, y aquí llega el problema. Porque el problema nos lleva a la consciencia o inconsciencia. Me explico. No es lo mismo ser consciente de la irrealidad que se cuenta, que comentar algo que no es cierto de forma inconsciente. En fin, tendré que batirme en duelo con quienes disienten.

La disidencia, en este caso, nos lleva a dudar de la doctrina que nos cuentan cuando todo está inventado, cuando la creencia, en esta 2B, es sostenida por todos. Y caigo en la decepción como respuesta. Lo digo porque es más sencillo mantenerse en una palabra triste en vez de asumir que solo el fracaso define una calamitosa campaña que comenzó lastrada desde su raíz. Hablo, como suponen, del Marbella. Un club con más ínfulas que fútbol, petulante en la grandeza del desconocimiento de la categoría y que se está pegando un batacazo de los que hacen historia, de esos que recuerdan que este fútbol pobre no es la élite, que aquí se raspa en vez de sacar brillo y que las cosas, en pequeñas dosis, ganan sustancia.

Este Marbella es el paradigma de un desastre orquestado por gente ajena a la categoría. De ser afines a la misma, no hubieran caído en las tentaciones que los ha llevado a nutrirse de errores para cimentar, día a día, un error continuado. Se configuró una plantilla con más nombres que jugadores, decidiendo sobre ella un director deportivo alejado del barro y con una falta de enjundia en lo no-profesional alarmante. Se firmó a un entrenador de su cuerda que acumulaba fracasos encubiertos en decepciones en las últimas campañas, pretendiendo repetir un idilio manchego sin saber, como se ha visto, que en esto del amor -al balón-, segundas partes no suelen ser buenas. Se careció de instinto, desde las oficinas, para prever el descalabro con tiempo para ello y así cercenar de inicio el problema -las palabras de los jefes en los medios sosteniendo al técnico son lo más marciano que se recuerda-, y se huyó hacia adelante abriendo puertas incendiarias.

Ahora es tarde, y a la afición no le calma ninguna verdad el cuadro febril del sentimiento por el club, consciente o inconsciente, ni ninguna mentira piadosa. El ridículo que custodia el fracaso (¿o es decepción?) del club es de esos que deberían ser estudiados en las escuelas de negocios ahora que el fútbol, para algunos, es un negocio, supongo que también para ellos, cuando decidieron invertir en un club con la vanidad como arma y la falta de conocimiento en la 2B como alimento.

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